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Del júbilo 2.0 al negocio 3.0


Internet social solo será 3.0 cuando sea un negocio. Los años de productos disruptivos sin ingresos tocan a su fin. Internet no necesita más grandes promesas 2.0 que aumentan la alarma de un nuevo crash de las puntocom. Sobre todo cuando hay ejemplos de tecnológicas que ganan más que nadie en un contexto de crisis. Google, Apple y Amazon son las más conocidas, pero hay otras, como Yandex, Alibaba, o la plataforma social LinkedIn que sí abrazan un modelo de negocio creíble y sostenible.

En el saco del dospuntocerismo se enmarcan un sinfín de promesas con mucha innovación pero poco cash, y eso acaba siendo un problema. La evolución natural de cualquier negocio debe sustentarse sobre la firme promesa de obtener unos ingresos extraordinarios. La segunda palabra implica que los costes serán inferiores, a pesar de moverse en un terreno en el que el gasto es más difícil de controlar que en otros mercados convencionales.

 

La promesa 2.0 y la burbuja de siempre

Vivimos un hundimiento del valor bursátil de las tecnológicas. Se salva LinkedIn y los buscadores, Google y Yandex, su clon ruso. Las alertas de los inversores están en nivel naranja, los analistas claman al rojo y los gerentes de las redes sociales permanecen mudos ante los brotes verdes que Mark Zuckerberg impone. Para él, la bolsa solo era un necesario peaje de financiación para continuar con su obra. El problema ahora es que el Opus Facebook no podrá vivir ajeno a esto, o se le acabó seguir con su misión de cambiar el mundo.

La debacle se ha acelerado tras ver los resultados de Facebook: 128 millones de dólares de pérdidas cosechadas hasta junio. Uno de sus generadores de ingresos, Zynga, también cae y arrastra al primero. El veloz ritmo de Internet es antagónico con los ingresos que son capaces de generar algunas de las tecnológicas más prometedoras. La velocidad en la innovación no tiene su rendimiento pecuniario y eso se paga. Al menos en bolsa.

En el fondo, los analistas no es que sean tontos, es que no son usuarios adictos, sino oportunistas de sus agendas de sus clientes. Y eso se nota en los análisis e implica cierto grado de visceralidad sin instrucción.

El móvil no va a salvar al 2.0. Tampoco las tabletas ni las aplicaciones. No lo salvará ningún artefacto que irrumpa en el mercado y sea capaz de generar millones de ventas. Porque lo que necesitan las plataformas sociales son ingresos en sí mismo. Twitter es un producto único. Sus usuarios adictos estarían dispuestos a muchas cosas con tal de poder usarlo como hasta ahora lo vienen haciendo. Pero sus formatos publicitarios son lo que son. Su métricas de rendimientos espectaculares, pero dejan fríos al anunciante. Luego parece que habrá que superar dos estadios: primero, el de la publicidad convencional en la red y sus miserables monedas de intercambio publicitario y, segundo, el propio modelo de negocio. ¿Es la publicidad el único camino? Ahora cambiemos Twitter por Facebook y tendremos el mismo problema. Con el agravante de que la segunda gasta como 100 veces más que la primera. Incluso en adquisiciones… y es que parece muy osado que una compañía como Facebook haya gastado 1.000 millones de dólares en comprar Instagram. Independientemente de las bondades 2.0 que esta implica sobre el mundo de la fotografía.

Las Redes Sociales 3.0 serán aquellas que hayan consolidado un modelo de negocio más allá de la publicidad. Aquellas cuyos saltos en bolsa se derrumben ante resultados semestrales de ingresos extraordinarios. No solo es una cuestión de producto, sino de tiro. Porque uno ya es excelente, pero demanda del foco adecuado en la gestión. ¿Tienen Facebook ese equilibrio? Veremos en el segundo semestre

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