Actualidad, Tecnología

La generación Facebook, Twitter, YouTube


El mundo definitivamente muestra cambios considerables en los conceptos, en las relaciones, en las prioridades. Por ejemplo, ya no son suficientes los índices de ingreso ni los patrones de consumo para la estratificación social. Los límites se han diluido.

Lo que antiguamente se entendía como clase media, hoy perdió vigencia. Y han sido las modas, la aparente era posmoderna que ofrece la publicidad y el mayor acceso a la riqueza de ciertos sectores, tradicionalmente mesocráticos, los factores que dibujan un nuevo estrato medio, con múltiples facetas.

Por otra parte, el mundo digital parece marcar la mayor de las brechas entre una y otra generación. Las evidencias empíricas revelan que las diferencias son amplísimas, incluidos los usos de internet más convencionales, como leer noticias o buscar información para trabajos o tareas.

En el caso de Chile, el movimiento estudiantil ha hecho uso intensivo de los que se denomina la “democracia digital”.

Los jóvenes usan las nuevas tecnologías, específicamente las redes sociales (Facebook, Twitter) para “dar su opinión” sobre su cotidianidad, sobre lo que les preocupa, sobre sus intereses, en general sobre lo que podríamos describir como la fenomenología de su diario vivir.

La Web la usan diariamente, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Descargan música o películas; se enteran de descuentos que les permitan consumir; dan saludos de cumpleaños por la red; “hacen amigos”; invitan a alguien a salir; conocen a alguien; se enteran de fiestas, organizan reuniones de amigos, estudian y realizan trabajos a través de sus redes sociales.

Facebook y Twitter hacen que tengan una alta conciencia de sus derechos; confían en sus padres pero desafían su autoridad.

Es un tema complicado el de la autoridad paterna para los nativos digitales y para sus progenitores. La afirmación “si doy una orden a mis hijos, deben cumplirla aunque no la compartan” está muy distante de lo que fueron otros tiempos. Hoy en día, frases como “si mis hijos enfrentan un problema, saben que cuentan conmigo”, tienen una fuerza mayor para los jóvenes, lo mismo que la frase “si enfrento un problema, confío en que mis padres estarán ahí para ayudarme”.

Comparativamente, sus padres que no son, en general, nativos digitales, están sustancialmente más alejados de estas dinámicas. Las diferencias entre una y otra generación también son claras en una serie de valores y en la forma de proyectar sus vidas.

Por ejemplo, aunque ambos grupos otorgan alta relevancia a la familia, igual hay diferencias significativas respecto de esta materia: mientras los padres se sienten representados con la frase “formar una familia es lo más importante”, los jóvenes no necesariamente la suscriben.

Se puede hipotetizar que las nuevas tecnologías marcan una fuerte brecha digital entre las generaciones, pero no sólo al interior de la familia, sino también en las aulas. En un video que elaboré y subí a YouTube (escalanteeduardo: “La educación – ¿Sabía Usted?”), muestro la distancia fenomenológica de la realidad de los alumnos y lo que ocurre en las aulas.

Esto significa que hay mucho trabajo que realidad para la generación adulta, al interior de la familia y del aula.

Peter Senge en uno de sus libros, introduce el concepto de presencing, presenciar pero como concepto fenomenológico, como empatía hacia los nuevos mundos, no necesariamente para seguirlos sino para comprenderlos y actuar desde el entendimiento.

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